Convergencia Ciudadana: La política también tiene síntomas
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Convergencia Ciudadana: La política también tiene síntomas

22 de julio de 2026

Hay actos que terminan cuando se apagan los micrófonos y la gente regresa a su casa. Hay otros que continúan mucho después, porque dejan preguntas dan...

Hay actos que terminan cuando se apagan los micrófonos y la gente regresa a su casa. Hay otros que continúan mucho después, porque dejan preguntas dando vueltas en la cabeza. La inauguración de la Casa de Convergencia Ciudadana fue, para mí, uno de esos casos. Confieso que, al salir de allí, no seguía pensando en el acto. Seguía pensando en lo que aquel acto podía significar. Entonces comprendí que la política, igual que el cuerpo humano, también tiene síntomas. Los síntomas no son un diagnóstico. No permiten anticipar con certeza el desenlace de una enfermedad, pero sí anuncian que algo está ocurriendo y que vale la pena prestarle atención. En política sucede exactamente lo mismo. Hay acontecimientos que parecen formar parte de la rutina de cualquier organización, pero que, observados con cierta distancia, terminan revelando que detrás de ellos se está gestando un proceso de mayor alcance. Lo digo porque formé parte del equipo que organizó aquella actividad y conocía perfectamente cuáles eran nuestras expectativas. Queríamos realizar un acto digno, bien organizado y representativo. Trabajamos durante semanas para que todo saliera como estaba previsto. Sin embargo, la realidad terminó superando nuestras previsiones. El local se llenó completamente, la asistencia desbordó los espacios disponibles y la gente ocupó los alrededores con un entusiasmo que ninguno de nosotros había calculado en esa dimensión. No era solamente una cuestión de cantidad. Lo que más me llamó la atención fue la diversidad de quienes asistieron. Había jóvenes, mujeres, profesionales, líderes comunitarios, representantes de distintos sectores sociales y ciudadanos que llegaron movidos por el deseo de participar. También me impresionó el ambiente. No fue una actividad construida exclusivamente sobre discursos políticos. La cultura y el arte tuvieron un papel importante, aportando sensibilidad, entusiasmo y cercanía. Aquella combinación hizo que el encuentro tuviera un aire distinto, recordándonos que la política también puede expresarse a través de la cultura y que ambas pueden convivir sin perder autenticidad. Mientras observaba todo aquello, comprendí que estaba frente a algo que merecía una reflexión más profunda. Una convocatoria puede ser exitosa por muchas razones, pero cuando supera ampliamente las expectativas de quienes la organizan deja de ser simplemente un dato de asistencia para convertirse en una señal política. No prueba nada por sí sola, pero invita a mirar con atención lo que puede estar ocurriendo detrás de ella. Sin embargo, la verdadera historia de Convergencia Ciudadana no comenzó aquella tarde. Había empezado mucho antes y, a mi juicio, ahí reside el aspecto más interesante de todo este proceso. Según ha explicado Manolo Pichardo, presidente de Convergencia Ciudadana, un día comenzaron a llamarlo ciudadanos que querían saber cómo podían apoyar a Leonel Fernández. No eran miembros de Fuerza del Pueblo. Eran ciudadanos y ciudadanas que simpatizaban con su liderazgo y buscaban una forma de contribuir desde el sector externo. Al principio fueron llamadas aisladas. Después comenzaron a repetirse con mayor frecuencia. Luego siguieron llegando hasta convertirse en una constante. La situación sorprendió al propio Manolo, porque esa no era la responsabilidad que desempeñaba dentro del partido. Él mismo ha contado que, durante un tiempo, no encontraba exactamente qué hacer frente a aquella realidad inesperada. Escuchaba a las personas, conversaba con ellas, trataba de orientarlas, pero comprendía que estaba ocurriendo algo para lo cual nadie había diseñado un mecanismo. Fue entonces cuando comenzó a dar una respuesta sencilla, casi espontánea. A quienes le preguntaban cómo podían organizarse para apoyar a Leonel Fernández les sugería que formaran un movimiento. Aquella respuesta, que parecía resolver un problema inmediato, terminó abriendo una puerta mucho más grande de lo que cualquiera podía imaginar. Los movimientos comenzaron a surgir. Las llamadas no se detuvieron. Por el contrario, aumentaron. Cada vez eran más los ciudadanos interesados en participar desde el sector externo, sin necesidad de incorporarse a la estructura orgánica de un partido político. Fue en ese momento cuando Manolo Pichardo y Elena Mejía comprendieron que ya no bastaba con orientar individualmente a quienes llegaban. Era necesario crear una plataforma capaz de agrupar esos movimientos, coordinarlos y ofrecerles una identidad común. Así nació Convergencia Ciudadana. Me parece importante detenerme en este punto porque, en mi opinión, ahí está la esencia del fenómeno. Convergencia Ciudadana no nació como resultado de un plan cuidadosamente diseñado para salir a buscar simpatizantes. Ocurrió exactamente al revés. Fueron los ciudadanos quienes comenzaron a buscar un espacio donde participar. La organización apareció después, como respuesta a una realidad que ya estaba creciendo. Ese detalle explica, además, la naturaleza del sector externo. Convergencia Ciudadana no registra miembros de Fuerza del Pueblo. Registra ciudadanos y ciudadanas que no pertenecen a ese partido, pero que simpatizan con el liderazgo de Leonel Fernández y desean respaldar ese proyecto político desde una plataforma más abierta, compatible con su condición de independientes o de personas que prefieren no asumir una militancia partidaria tradicional. En una democracia moderna, ese tipo de participación tiene un enorme valor. Los partidos políticos siguen siendo indispensables para la vida democrática, pero la sociedad es mucho más amplia que cualquier organización política. Existen profesionales, empresarios, artistas, académicos, comunitarios, jóvenes y ciudadanos que desean involucrarse en los asuntos públicos sin integrarse formalmente a un partido. El sector externo les ofrece precisamente ese espacio. Durante la inauguración se anunció que Convergencia Ciudadana agrupa ya diecisiete movimientos y que otros cinco se incorporaban inmediatamente. Más allá de la cifra, lo verdaderamente significativo era comprender que detrás de cada movimiento existían personas que habían tomado una decisión voluntaria de participar. Nadie fue a buscarlas. Fueron ellas quienes tocaron la puerta primero. Naturalmente, un solo acto no permite sacar conclusiones definitivas sobre el futuro político de un país. Las elecciones todavía están lejos y la dinámica política cambia constantemente. Sería un error convertir una actividad, por exitosa que haya sido, en una profecía electoral. Pero también sería un error ignorar las señales cuando aparecen. La presencia de Leonel Fernández, quien pronunció las palabras centrales del acto y compartió su visión sobre el camino hacia el 2028, aportó una dimensión política indiscutible a la jornada. Sin embargo, si alguien me preguntara qué fue lo que más me impresionó de aquel día, respondería sin vacilar que fue la actitud de la gente. No vi personas obligadas a asistir ni movilizadas por compromiso. Vi ciudadanos que habían decidido estar allí porque sentían que formaban parte de algo que apenas comienza a construirse. Creo que ese fue el verdadero significado de aquella inauguración. No la apertura de un local, sino la confirmación de que una iniciativa nacida de manera espontánea encontró capacidad para organizarse, crecer y ofrecer un cauce a una voluntad ciudadana que ya existía. No sé qué dirán las encuestas dentro de algunos meses. Tampoco sé cuál será el desenlace político del 2028. Eso pertenece al terreno de las hipótesis y será la ciudadanía quien tenga la última palabra. Lo que sí sé es lo que vi aquella tarde. Vi ciudadanos que, sin pertenecer a Fuerza del Pueblo, decidieron buscar por iniciativa propia una forma de respaldar el liderazgo de Leonel Fernández. Vi una organización que no nació de un escritorio, sino de una realidad que fue imponiendo la necesidad de organizarse. Vi una convocatoria que superó ampliamente nuestras previsiones y, sobre todo, vi una ciudadanía que decidió pasar de la simpatía a la participación. Quizá dentro de algunos años, cuando alguien reconstruya la historia de Convergencia Ciudadana, sitúe su nacimiento en la fecha de una inauguración o en el momento en que quedó formalmente constituida. Yo creo que esa historia comenzó antes, el día en que los ciudadanos decidieron moverse por iniciativa propia y buscar un espacio desde donde participar. Lo demás vino después. Por eso sigo pensando que aquella tarde no asistí solamente a la inauguración de una sede. Tuve la impresión de presenciar uno de esos síntomas que, con el paso del tiempo, ayudan a comprender cuándo empezó realmente un proceso político. Porque la política, igual que la vida, suele anunciar sus cambios mucho antes de que la historia les ponga nombre.   POR CARLOS SÁNCHEZ La entrada Convergencia Ciudadana: La política también tiene síntomas se publicó primero en El Nuevo Diario (República Dominicana) .

Vía: El Nuevo Diario

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