La fe nos guía ante lo incontrolable, pero el cambio social requiere acción. No deleguemos en lo divino lo que depende de nuestro libre albedrío.
Oremos para que Dios nos libre de terremotos, huracanes y tormentas, pero no para que disminuyan los niveles de corrupción, de inseguridad y de insensibilidad que cada vez más observamos en nuestra sociedad, pues esto depende del llamado libre albedrío.
Seamos religiosos para las cosas que no podemos dominar, pero para todo lo demás, en vez de pedir, actuemos. Al final se impone el individualismo; somos dueños de nuestros actos y de sus consecuencias. Dios está ahí y mira lo que hacemos con la libertad que nos ha otorgado.
¿Creer o hacer? ¿Dar el primer paso o esperar el milagro? ¿Ser verbo o sustantivo? Hay cosas que solo suceden cuando somos capaces de provocar los cambios; más allá de la fe y de la misericordia, no podemos delegar a la divinidad la solución a nuestras debilidades históricas.
Vía: Noticias SIN




